En Taipei, equipos negociadores de Taiwán y de China continental firmaron acuerdos.
Suponen un paso histórico hacia el alivio de las tensiones a través del Estrecho de Taiwán.
El 4 de noviembre tuvieron lugar dos eventos con importantes implicaciones para la paz y la prosperidad mundiales. Uno de ellos acaparó la atención de todo el mundo, mientras que el otro, siendo menos noticioso, no resultó menos significativo. El primero fue la celebración de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El otro evento ocurrió en el otro lado del mundo. En Taipei, los equipos negociadores de los gobiernos de Taiwán y de China continental firmaban una serie de acuerdos que suponen un paso histórico hacia el alivio de las tensiones a través del Estrecho de Taiwán y que fortalecen las expectativas de paz y prosperidad en la región de Asia-Pacífico.
Durante las últimas seis décadas, el desarrollo de las relaciones entre Taiwán y China continental ha estado bloqueado por las -disputas acerca de la soberanía, que han amenazado con hacer saltar un conflicto que pudiera arrastrar a otros países a un torbellino y poner de rodillas a la economía global. De la misma manera que las naciones de todo el mundo esperan un líder americano que evitará el rígido unilateralismo en favor de la construcción de un consenso flexible, así también esperan un cambio de intenciones en los líderes de ambos lados del Estrecho de Taiwán.
El mero hecho de retomar las consultas regulares entre los dos equipos de negociación de ambos lados, después de una década de larga separación, ha sido suficiente para recibir los elogios de los líderes mundiales. Aparte de avanzar en las relaciones a través del Estrecho, la recientemente concluida segunda ronda de negociaciones resulta significativa, porque es la primera vez que un equipo de China continental pone los pies en Taiwán, una clara señal de que ambos lados han reconocido lo esencial de la paridad y la reciprocidad en sus relaciones.
Los acuerdos pudieran parecer insignificantes a primera vista. Se trata de acuerdos técnicos que establecen las bases formales para los modos de interacción. Se incluyen en ellos medidas para garantizar la seguridad de alimentos importados; iniciar transporte marítimo directo; iniciar vuelos chárter en días laborables a través del Estrecho, y expandir la cooperación en materia de servicios postales.
Lo ordinario de tales acuerdos pone de relieve lo anormales y disfuncionales que han sido las relaciones entre Taiwán y China continental durante más de medio siglo. La ausencia de relaciones subraya, además, el peligro para la paz y la prosperidad con el que la comunidad de Asia-Pacífico ha tenido que vivir. Si los vecinos no pueden mantener siquiera los intercambios más básicos de manera universalmente reconocida como civilizada y necesaria, corren un gran riesgo de acabar causando daño a la comunidad.
El presidente de la República de China, Ma Ying-jeou, ha establecido el tono para futuras consultas y negociaciones enfatizando cuatro principios: los dos lados deben afrontar directamente la realidad; ninguno de los dos debe negar la existencia o legitimidad del otro; el bienestar del pueblo debe ser la principal prioridad; y cualquier acción que uno u otro lado adopte debe ir encaminada a la búsqueda de la paz. Los dos gobiernos han demostrado su determinación de acatar estos principios. ¿Podemos en Taiwán y en China continental tener éxito en trasformar la enemistad en amistad? No importa lo difícil que sea el camino que tenemos por delante; debemos creer. “Sí, podemos”.
* Ministra de Información del Gobierno de la República de China (Taiwán)